DIOS NUESTRO PADRE BUENO
Es lo más fácil y quizás lo más difícil de comprender en el mensaje genuino del cristianismo. Esa “ Buena nueva” extraordinaria que nos trae Jesús, esa revelación tan esperada por la humanidad entera que suscitaría un odio a muerte a su persona y el desprecio de sus contemporáneos. Toda la síntesis de una predicación de tres años, la podríamos resumir en pocas palabras: “Dios nuestro Padre es bueno”.
La primera manifestación pública de Jesús que nos trasmiten los Evangelios, la del adolescente Jesús encontrado en el templo, nos habla del Padre. En los últimos momentos, clavado en una cruz de madera, cuando su vida terrenal está llegando al final, la palabra Padre surge de sus labios resecos y ensangrentados, una y otra vez. Entre aquel primer momento y ese último, muchos años de paciente enseñanza de una sola lección: Dios, Padre Bueno.
Esa bondad de nuestro Padre que nos predica Jesús no es una bondad genérica, o una bondad más o menos indefinida, sino una bondad sublime, exquisita, refinada, más allá de toda medida. De ahí que al emplear en sus parábolas los ejemplos de la vida diaria, se ve obligado a rectificar al concluir su explicación: “ si vosotros…cuánto más nuestro Padre”. Este sentimiento profundo de bondad de nuestro Padre, no es algo que ha de quedar en lo escondido de nuestro corazón para saborearlo a solas en los momentos de oración y diálogo con El; sino que lo debemos trasparentar también en cada instante de nuestro diario existir.
El sentimiento de estar en cada momento bien apretados, entre los brazos dulces de nuestro Padre bueno, trasciende a nuestro estilo de oración de súplica. No podemos decir a nuestro Padre cuando estamos enfermos, que nos cure. ¿ Que sabemos nosotros si, en ese momento, la salud es un bien o un mal para nosotros?. El que es nuestro Padre Bueno y es Dios, lo sabe perfectamente. Digámosle como las hermanas de Lázaro “Padre el que tu amas, está enfermo. Y saboreemos muy íntimamente la palabra Padre. O imitemos a la Santísima Virgen en las bodas de Caná. “Padre, estoy en un apuro, se me acabó el vino y no tengo más para ofrecer a los invitados”. Con esta sola expresión, estoy reconociéndome en sus manos y estoy confesándole que sé que es mi Padre bueno y que yo soy su hijo muy amado.
El ejemplo de los dos hermanos de la parábola del hijo prodigo, mediante lo cual Jesús nos da ha entender que los dos son preferidos, del padre. Sólo la fe, y con ella el sentimiento de esa infinita bondad del Padre bueno, nos hace siempre meditar que somos preferidos del Padre, al mismo tiempo que el hermano que está a mi lado también es el preferido del mismo Padre, y hasta el pobre sidoso que quizás arrastra su pena por las barrios de la ciudad, es también el preferido, el “mimado” del Padre Bueno. Aquí sí que tenemos que confesar que la inmensidad del amor divino desborda nuestra capacidad intelectual humana. Con la ayuda de Dios debemos pedir siempre que nos haga entender lo suficiente su inmensa bondad.
Muchas veces me he detenido a reflexionar sobre la oración del Padrenuestro. La primera parte siempre me ha parecido un modelo en su expresión de los deseos de un hijo muy bien amado hacia su Padre Bueno. Que sea respetado por todo el mundo, que todos los hombres lo conozcan, le honren y le obedezcan. Son los sentimientos más normales de un buen hijo para con su padre. Hasta el punto de que llego a pensar que algo nos falla en la traducción de la lengua original y que quizás un matiz optativo o de expresión de deseo y no de petición, ha quedado traspapelado en las sucesivas traducciones y no ha pasado suficientemente subrayado en nuestras lenguas. Yo puedo pedir a mi Padre Bueno que no me deje morir de hambre. Le puedo expresar mi deseo de no morir de hambre, de que me perdone, de que me enseñe a perdonar a los demás, pero pedírselo me parece contrario a todo lo sublime y maravilloso sin medida que siento de su bondad de Padre. Si yo soy su hijo predilecto, si el es mi Padre Bueno, ¿ no le ofenderá que yo se lo pida?. Vuelvo a pensar en la criatura que bien apretada en los brazos de su madre siente la ternura más indescriptible.
En el Evangelio hay otro texto que me hace pensar en la bondad del Padre. Hemos escuchado que el Señor Jesús nos dijo: “Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá”. ¿Qué debemos entender cuando Jesús nos dice que pidamos y que golpeemos a la puerta para que nos abran?. Simplemente que volvamos a la oración del hijo predilecto que pone la confianza en la bondad del Padre. Quisiera expresar el amor a Dios Padre Bueno junto a las palabras del Cardenal Carlo María Martini
OH PADRE BUENO
Te adoramos y te glorificamos,
Padre omnipotente, rico en gracia y misericordia.
Te pedimos conocer y comprender a tu Hijo Jesús como Mesías,
Hijo de David, heredero de tu trono,
Rey de Reyes, Señor de los Señores,
Así como poderlo amar y adorar como Dios
Y seguirlo como el Salvador de la humanidad.
Haz que fijemos nuestros ojos en El
Y lo contemplemos,
Para poder conocerte entenderte a Ti,
Oh Padre amadísimo y justo, y el amor con que has amado al mundo desde el principio, amor que se dirige a todos los hombres de la tierra y envuelve también nuestra misión.
Te pedimos oh Padre, por tu Hijo Jesucristo, Nuestro Señor, en la unidad del Espíritu Santo.
Amén.
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