El paso de la Adoración al Amor encarnado
Pbro. Ángel Yván Rodríguez Pineda
El auténtico sentido de la Eucaristía se convierte de por si en escuela a amor activo al prójimo.
Fue precisamente en la celebración de la cena cuando el Señor nos dio el mandamiento nuevo del amor: “en esto conocerán que son mis discípulos: Si tenéis amor unos con otros”.
La contemplación del misterio de la Eucaristía nos descubre el amor inefable de Dios, en Cristo Jesús, hacia cada hombre. De este modo, un cristiano que tenga clara conciencia de la realidad y la significación de la Eucaristía ha de amar a los hermanos como les ama Jesucristo.
Los hombres, nuestros hermanos, están ahí. Están con hambre de pan, con hambre de verdad, con hambre de amor. Los hombres llaman a nuestra puerta: piden amor.
La Eucaristía demuestra qué valor tiene a los ojos de Dios todo hombre y cada hombre si Cristo se ofrece a sí mismo, bajo las especies de pan y de vino para todos los hombres.
Si nuestro culto es auténtico, debe hacer aumentar en nosotros la conciencia de la dignidad de todo hombre. La conciencia de esta dignidad se convierte en motivo más profundo de nuestra relación con el prójimo.
Adoración, contemplación y compañía. Tres pilares para alimentar la fe.
Adorar es mirar con amor. Mirar con amor a Jesucristo presente en la Eucaristía. Pequeñas cosas para una cosa grande. La adoración es un encuentro importante.
Tal vez no tengamos grandes ideas que elucubrar, pero si una gran cantidad de cansancio, aburrimiento o disgustos que descargar. En el gesto de adoradores, entregamos lo que tenemos. No son sobras. Son semillas a germinar, a florecer, a dar fruto.
La adoración, de casi una experiencia de desprendimiento y liberación interior, comienza a los pies de Jesús a convertirse verdaderamente en una renacer a la vida; un fondo nuevo y sólido del hombre es la elección definitiva de Dios y del prójimo.
El Señor Jesús, nos ha amado no de palabra, sino con obras, hasta morir por cada uno de los hombres.
La Eucaristía debe hacernos sensibles a todo sufrimiento y miseria humana, a toda injusticia y ofensa, buscando el modo de repararlos de manera eficaz.
Entonces podemos advertir que amar es difícil. Amar es morir crucificado por el otro.
Adorar a Jesús Eucaristía implica un amor efectivo, que significa respeto a la dignidad de la persona, promoción de la justicia social y de la paz.
Adorar a Jesús Eucaristía es el contraveneno de nuestra actual superficialidad e indiferencia, ante tantos hermanos que sufren la injusticia y la instigación de sus derechos y dignidades.
Procuremos, pasar de la adoración al amor encarnado en la presencia del prójimo, tú hermano.
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