viernes, 6 de noviembre de 2009

LA IGLESIA SE CONSTRUYE DÍA A DÍA. Pbro. Yván Rodríguez

LA IGLESIA SE CONSTRUYE DÍA A DÍA

La Iglesia, a través de los siglos, es futuro.
Cristo dijo a los suyos que por el modo en que se amasen mutuamente comprendería el mundo que Él era el enviado del Padre.
Un cierto espiritualismo todavía vivo se extasía frente a la santidad invisible de la Iglesia, exalta el amor invisible de la Iglesia, celebra la libertad invisible con la que Cristo nos ha hecho libres y da muestras de no preocuparse demasiado del hecho que, en el plano visible, no es siempre verdad que los cristianos seamos moralmente mejores que los demás, que estemos más unidos por vínculos de solidaridad, que respetemos y garanticemos entre nosotros la libertad.
Aquí es donde se decide la autenticidad de la Iglesia como signo.
Día tras día, la Iglesia, para los cristianos, se construye, se vive.
Ella es el sufrimiento de los hombres que conseguimos vivir plenamente nuestra fe.
Ella es el grito de los profetas que gritan a los cuatro vientos el gozoso mensaje del evangelio, la infinita misericordia del Padre, la incesante llamada del amor.
Ella es caída y fracaso porque es humana, con todo el peso del egoísmo y del orgullo de los hombres.
Ella es el maravilloso aliento de generosidad, de gratuidad y de don hasta la muerte a veces, porque es divina y nacida al pie de la cruz.
El designio de Dios se cumple con la intervención de Cristo, que liberó al mundo del pecado y le comunicó, de una vez para siempre, el propósito del Padre, que si no hubiese sido por Él habría quedado oculto en la perversión de la carne y de la sangre.
La Iglesia cumple la obra de Cristo – es su instrumento – redimido y restaurado. Al habérsele confiado la palabra de Cristo, la Iglesia tiene una doble función: la de juzgar al mundo y la de anunciar el propósito eterno del Padre.
El mundo es juzgado; la palabra de Cristo ha disuelto las tinieblas, ha denunciado su incapacidad, su idolatría.
Nadie puede juzgar a la Iglesia si él mismo no es artesano de su futuro. Nadie puede, desde fuera, hacer la lista de los defectos y desviaciones si él mismo no se compromete hacerlos desaparecer.
Por todos aquellos que, día tras día, dan de su tiempo, de su fuerza, de su vida para que, desde el interior, el amor progrese en el seno de la Iglesia, todas las críticas, a menudo justificadas, parezcan irrisorias al lado de lo esencial: vivir el amor, este amor que procede de su fuente, de la plegaria personal y litúrgica.
Pero el amor no se hace con publicidad; él afecta al secreto de los corazones y de los hogares. El amor es obra de paciencia, de perseverancia, de fidelidad, en un mundo de eficacia, de rendimiento y de velocidad. El amor, en fin, es obra comunitaria en un mundo más y más individualizado.
Más allá de todos los límites humanos y de todas sus debilidades, la Iglesia es indispensable para todos los cristianos, precisamente porque este amor es imposible vivirlo sólo.
Es porque día tras día, la Iglesia crea y construye desde el interior, sin dejarse ganar nunca por el desánimo ni la falsa tentación de cabalgar sola. En cuanto sacramento, no tiene otro fin que la humanidad.
Es voluntad de Dios que la zanja que separa la Iglesia y la humanidad sea colmada y se colme del único modo auténtico, siendo la Iglesia más profundamente fiel a sí misma – sacramento de salvación-, que se construye cada día.

Pbro. Ángel Yván Rodríguez Pineda

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