LA FUERZA VIVA DEL EVANGELIO
La proclamación de la palabra de Dios a los hombres, como palabra nueva y promotora de auténticos valores humanos y evangélicos, es lo que pide a gritos la necesidad actual del hombre y sus circunstancias en las que le toca desarrollarse.
No se trata de repetir únicamente la noticia que nos trasmitieron los contemporáneos de Jesús en un mundo muy distinto del nuestro. Se trata de ser rostro viviente de Dios en medio de los hombres.
Dios continúa manifestando su buena noticia, hablando, haciéndose tangible a través del rostro de los hombres. Se nos ha confiado una tarea a todos los hombres: Ser hombres que propiciemos en medio del mundo el encuentro con Dios. Dios toca a los hombres a través de rostros humanos.
La evangelización, ¿ se dirige hacia el cielo o hacia la tierra?.
No es posible hacer dicotomías. No hay un cuerpo ni un alma como dos entidades separadas. No existe un cielo de evasión feliz, ni una tierra de penitencia obligada. Cielo y tierra están unidos estrechamente, del mismo modo que el hombre es algo integrado, complemento, donde el espíritu y la materia se compenetran.
Es la hora del hombre. Es el compromiso con el hombre. Cristo, el resucitado, vive en los hombres que sufren, gimen; es peregrino y explotado en los hombres; sumido en la ignorancia, inconsciencia y vicio; quiere resucitar también para ellos, sirviéndose de la presencia activa del hombre cristiano.
La palabra de Dios posee la característica de interpelar e inquietar la conciencia del hombre. La buena noticia que comunicó Jesús, como portavoz y palabra de Dios, no fue al extraterrestre, sino que afecto a los hombres concretos de ayer y debe afectar a los hombres concretos de hoy.
Nuestro modelo es y será Jesús de Nazaret: con su anuncio del reino de los cielos y con el rechazo a las injusticias de su tiempo, con su lucha contra el conformismo socio-político-religioso y como líder espiritual de los primeros al poner todo en común. Esto revela claramente que el amor y la justicia que debe predicar el cristiano no es evasionista.
Estamos en un mundo que necesita un amor más profundo y eficaz que un amor artesanal, propio de una sociedad sin medios técnicos. En un mundo industrial y técnico, el evangelio pide un amor más profundo y más amplio: el amor que cambia las estructuras injustas.
El hombre vive hoy carcomido por el afán de lucro, el deseo de consumir cuantitativamente, la lucha centrada en el egoísmo, la competencia despiadada, el materialismo inmediato y egocéntrico. La sociedad de consumo ha producido estos abominables movimientos humanos.
Por eso evangelizar es esforzarse por conseguir un hombre solidario, por medio de una educación de motivaciones sociales y por la implantación de unas estructuras favorecedoras de una comunidad radicalmente fraterna.
Así se manifestará el gozo que predicó Jesús de Nazaret: iniciación de los cielos nuevos y la nueva tierra, que se cumplirán al final de los tiempos, pero que podemos empezar a construir decididamente aquí y ahora, construcción que debe ser nuestro empeño mejor de un evangelio encarnado.
Reencontrar profundamente el Evangelio y mantener muy abiertos los ojos a la actualidad, son fuerzas que ayudarán al nacimiento de la Iglesia testigo del amor, reconciliado y reconciliador.
El Evangelio vivido, es portador de amor que es capaz de cambiar las estructuras injustas.
Pbro. Ángel Yván Rodríguez Pineda
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